Alejandro, mi padre, nació el 28 de enero de 1927 en Santiago, creció en el barrio Brasil con sus padres, siendo el menor de tres hermanos.

Era un excelente lector, estudiaba en el INBA, período en que se hizo comunista, haciendo un camino diferente a sus hermanos. Estando en el colegio también conoció a mi mamá, Carmen, y pololearon siete años. Se casaron el 50 cuando él estaba por terminar la carrera de arquitectura en la Universidad de Chile, tuvieron cinco hijos.

Como arquitecto hizo docencia y se apasionó por sus obras, nos fuimos a vivir a Concepción, donde proyectó y realizó la “Casa del Arte” de la Universidad de Concepción, y fue uno de los gestores de la carrera de arquitectura de la UTE en esa ciudad. Tuvo una intensa vida política y profesional, fue Presidente del Colegio de Arquitectos de Concepción, y fue electo Regidor.

Le gustaba comer caldillo de congrio, cultivó el gusto por las comidas de sabores intensos, que mi madre cocinaba. Eran un matrimonio cariñoso, los recuerdo haciéndose regalos y dejándose pistas con dibujos para encontrarlas en algún rincón de la casa…

Era un hombre macizo, vigoroso y cálido. Un padre cercano y afectuoso, en Santiago nos llevaba al cine los domingos y en Concepción, salíamos de paseo el fin de semana al Puente Tres, íbamos a Ramuntcho, o Cocholgüe.

Regresó a Santiago al ser invitado por el Presidente Allende a hacerse cargo de CORHABIT. Después del Golpe entregó su cargo y con el tiempo levantó una oficina de arquitectura en Bellavista. Junto a mi madre construyeron nuestra casa en Isla Negra, que alcanzamos a disfrutar en familia. Una tarde de invierno salió a una reunión desde su oficina, y desde esa fecha dejamos de verlo.

Él era Alejandro Rodríguez Urzúa, detenido y desaparecido el 27 de julio de 1976. Yo soy su hija, María Soledad Rodríguez y lo recuerdo. Recuérdalo tú, recuérdaselo a otros.

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María Soledad Rodríguez